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martes, 30 de septiembre de 2008

Sarah Palin, una norteamericana legítima - Por Steven Mosher, P.R.I.

La Madonna del Sendero
En la esquina de Euclid y Foothil Boulevards en Upland, California, U.S.A. se levanta la estatua de una mujer pionera. Se le ve avanzando firme, con un bebé en su brazo izquierdo y un rifle en el derecho. También se ve un niño aferrándose a sus faldas, pidiendo protección.
Con una altura de aproximadamente 3 metros en total, levantada sobre una base de dos metros y medio, la imponente estatua plasmada en granito representa la formidable tenacidad que se asentó en las grandes llanuras y la Costa Oeste. Pero es el carácter plasmado en la cara de la mujer lo que verdaderamente captura la atención. Es la cara bondadosa y sincera de una mujer que acepta sus responsabilidades y las enfrenta, confiando en Dios.
La “Madonna del Sendero” (Madonna of the Trail) se le llama a esta estatua. Y pensaba en ella mientras leía todos los vituperios que lanzaban los demócratas y sus aliados a Sarah Palin en los medios de comunicación. Las tergiversaciones en su historial, la ridiculización de su formación y los ataques descarados a su familia han alcanzado proporciones increíbles. Las diferencias entre la gestión y el presupuesto de su gestión de comisionada de seguridad las comparan con el escándalo de “Watergate”. Bill Maner, comentarista de corte liberal ridiculiza a su hijo que tiene síndrome de down. El mismo senador Obama ha insinuado que la Gobernadora Palin es una “marrana”. Lo niega, por supuesto, pero su audiencia liberal sin lugar a dudas tomó su comentario como una referencia a la Gobernadora, una impresión que no corrigió en el momento preciso.
¿Qué tiene esta valiente mujer que hace que la Izquierda la encuentre tan peligrosa como para tratar de destruirla a toda costa? Así es la política, se podría repetir por enésima vez. Estoy seguro que la campaña de Obama y el Partido Demócrata, apoyados por sus amigos de los medios de comunicación liberales, creen que si pueden destruir la reputación de esta popular gobernadora, acabarán con la postulación de John McCain a la presidencia. Probablemente, están en lo correcto. La idea de manejar no sólo la Cámara de Representantes y el Senado sino también la Casa Blanca, les hace “agua la boca”.
Pero todavía hay más. Parece que las feministas radicales están muy conflictuadas con el éxito de la Gobernadora Palin. Lo más sintomático son las reacciones de dos de sus estrellas mediáticas, las conductoras de “talk shows”, Ophra Winfrey y Whoopi Goldberg. Oprah detesta tanto a Palin que finge que no existe. La posición de Whoopi de “The View” es simplemente desconcertante. Por un lado, no deja de hablar de Palin diciendo cosas como “¡dio un discurso realmente asombroso, muy enérgico! Es una chica ruda y linda, y es una mamá y todas aquellas cosas maravillosas que deberíamos estar festejando, la primera vez que pienso que hemos celebrado todas estas cosas en una mujer”. Pero por otro lado, describe a Palin de forma muy siniestra como “una mujer muy peligrosa”.
¿Peligrosa? Se preguntarán, ¿Qué amenaza representa Sarah Palin? ¿Para quién?
Primero, Palin amenaza la imagen que las feministas radicales tienen de sí mismas. Las feministas dicen que las mujeres jóvenes podrían tenerlo todo: profesión, matrimonio y familia, en el momento y en los términos que deseen. Sin embargo, la realidad las contradice. Tarde muy tarde, ellas se dan cuenta que la dedicación completa a una carrera profesional que se supone las independizaría, finalmente las atrapa y esclaviza. O que la convivencia con un enamorado con el que se debieron casar, terminó cuando éste las abandonó por otra más joven. Demasiado tarde también se dieron cuenta que los cuerpos de sus pequeños bebés fueron destruidos en clínicas de aborto.
En este contexto de desilusión y para empeorar las cosas, aparece la bella y brillante gobernadora de Alaska, que cuenta con una carrera política exitosa, un amoroso (y fiel) esposo, y una familia grande y hermosa. Ella parece ser la validación viviente del sueño feminista: es posible tenerlo todo. Casi desesperadamente miran a través del espejo de su alma, con la esperanza de alcanzar a ver algo de ellas mismas, sólo para descubrir con horror que Sarah Palin no es una de ellas. Palin, más bien, es una genuina creadora de la “Cultura de la Vida”, que entre otras cosas evitó un aborto para dar a luz un niño con síndrome de down. Es una defensora del matrimonio tradicional, una creyente practicante y una conservadora en lo fiscal, que cree en el gobierno local, y es miembro activo de la “National Rifle Association” (Asociación Nacional del Rifle.)
No extraña que las feministas se sientan furiosas y traicionadas.
Pero Palin no solamente es una amenaza para la imagen de las feministas radicales. Ella también es una grave amenaza para todo el movimiento pro aborto y principalmente para el futuro del Partido Demócrata. Después de todo, si es elegida como Vice-Presidenta, se convertirá en un modelo para la generación de mujeres jóvenes. Podría ser el mayor contratiempo para un movimiento que ya está encontrando dificultades para atraer adherentes jóvenes. Amenaza también para un partido político que cuenta con feministas como tropa de infantería. Precisamente, es “peligrosa” porque redefine el significado de la femineidad lejos del tipo feminista radical y lo devuelve encarnando la verdadera femineidad.
Solía haber muchas mujeres así en Norteamérica. La clase de mujeres que cruzaron las grandes llanuras llevando un bebé en una mano y un rifle en la otra. Estas fueron las mujeres que crecieron en la frontera para convertirse en adultas fuertes, capaces de disparar a un venado con la misma facilidad con la que cambiaban un pañal. Mujeres que colocaron a la familia primero y sabían que a cambio serían siempre las primeras en los corazones de sus esposos e hijos. Mujeres que se empeñaron en la construcción de iglesias y colegios tanto como en abrir asociaciones benéficas y hospitales.
Pero ustedes dirán que hoy no tenemos este tipo de frontera, que hace más de cien años se colonizó Estados Unidos de un extremo a otro de Norteamérica, desde el Atlántico hasta el Pacífico. Aquel capítulo de la historia norteamericana es un libro cerrado, y podría decirse que las maravillosas y resilientes mujeres que la poblaron no son más que polvo y recuerdos.
Bueno, ahora con Palin, no del todo.
Resulta que actualmente existe todavía una frontera más desde el año 48, hacia el norte y noroeste. ¿Dónde más podría una jovencita llamada Sarah despertarse a las 3 a.m. para acompañar a su papi a cazar alces, desarrollando un gusto por las hamburguesas de alce o viajar en trineo a través de los agrestes nevados? De Alaska, la frontera final de Norteamérica, llega una mujer valiente y determinada, que parece tener tanto un espíritu absolutamente pionero, y muchas agallas, como nuestros antepasados.
Doce estatuas de la “Madona del Sendero” adornan los pueblos de los caminos que llevaron a nuestros ancestros al Oeste. Pero sugiero que podemos añadir una más. La plaza municipal de Wasilla, Alaska, me parece sería el sitio perfecto.
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