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lunes, 22 de diciembre de 2008

El invierno demográfico, más preocupante que el calentamiento global

header_original_modEl cardenal Antonelli pide a Europa prestar más atención a la vida y la familia
ESTRASBURGO, lunes 22 de diciembre de 2008 (ZENIT.org).- Durante una intervención en el hemiciclo del Consejo de Europa en Estrasburgo, el cardenal Ennio Antonelli, presidente del Pontificio Consejo para la Familia, invitó a los políticos y a las instituciones europeas a ocuparse más de las consecuencias del invierno demográfico, que pueden tener peores consecuencias que el calentamiento de la atmósfera.
En ocasión de la ceremonia de la entrega del premio Europeo por la vida "Madre Teresa de Calcuta", en memoria del profesor Jérôme Lejeune, el cardenal Antonelli explicó que "el compromiso a favor de la vida naciente hoy también es necesario por razones de carácter social".
El presidente del dicasterio vaticano ha reportado algunos datos que caracterizan "el invierno demográfico" del continente europeo.
En Europa el índice de fecundidad es de 1,56 por cada mujer, netamente, bajo el nivel de "recambio generacional", que es de 2.1. Desde 1980 cada año, nace en promedio un millón de niños menos.
Anualmente se cometen 1,2 millones de abortos. La Unión Europea se vuelve cada vez más vieja: la población de ancianos de más de 65 años es más numerosa que los niños menores de 14 años: las casas están cada vez más vacías: el promedio de miembros de una familia es de 2,4. Los solteros son 54 millones, un cuarto de las familias.
Según el purpurado, "a la crisis demográfica se agrega la emergencia educativa", provocada por el hecho de que "muchos niños no tienen la posibilidad de crecer en una familia unida y estable".
"Nacen fuera del matrimonio 1,7 millones de niños, es decir, un tercio de la totalidad. En los últimos diez años 15 millones de menores han vivido la dolorosa experiencia de la separación de sus padres. Los divorcios afectan la mitad de los matrimonios".
El purpurado precisó que "las causas de esta triste situación son múltiples. En medida relevante incide la difundida cultura individualista, hedonista, consumista y utilitarista".
"Se trata de un utilitarismo miope --señaló--, porque la tasa de natalidad comporta graves riesgos económicos, sociales y culturales. Se puede prever que habrá carencia de trabajadores, disminuirá la producción de bienes y servicios".
"Se volverá insostenible el pago de las pensiones y la asistencia a los ancianos por la ausencia de recursos económicos y humanos --agregó--. La inmigración de personas exteriores a la Unión Europea no será suficiente para llenar los vacíos y además, si no se maneja bien, podría comprometer la contribución de los pueblos europeos y la transmisión de su patrimonio cultural".
No en vano --subrayó el cardenal Antonelli-- "alguno ha dicho que el invierno demográfico debería preocupar más que el calentamiento de la atmósfera".
"El compromiso por la vida y la familia no constituye todavía una prioridad --lamentó--. En la Unión Europea hace falta un organismo dedicado a estas cuestiones. A la familia viene destinado solo el 2,1% del PIL (en Italia todavía menos 1,2%) una décimo tercera parte de los gastos sociales".
Para buscar una solución a la crisis demográfica y dar un desarrollo en las políticas sociales, el cardenal Antonello afirmó que "la mejor ganancia para la natalidad y para la sana educación es la familia fundada sobre el matrimonio de un hombre y una mujer".
"La familia --continuó-- es un sujeto de interés público, y debe recibir apoyo en materia de políticas adecuadas. En primer lugar se debe precisar correctamente la identidad de la familia sin confundirla y equipararla con otras formas de convivencia y de amistad de carácter privado".
Entre las líneas de compromiso, el presidente del Pontificio Consejo para la Familia pidió "hacer política no sólo para las familias sino también con las familias, dialogando con las asociaciones que tutelan los derechos de la familia".
"Dar ayuda económica y asegurar servicios adecuados para que las pajeras puedan tener los hijos que responsablemente desean".
"Reconocer a los padres el derecho de educar libremente los hijos y de escoger, sin cargas económicas adicionales, las escuelas no estatales para sus hijos".
"Conciliar en la medida de lo posible los tiempos y los lugares del trabajo con las exigencias de la vida familiar", sugirió.
En conclusión, el cardenal Antonelli subrayó que "compromiso por la vida y compromiso por la familia están estrechamente relacionados" y que "el mejor modo para promover los derechos de los menores, comenzando por el derecho a la vida, es el de apoyar a la familia para que pueda cumplir su misión".

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