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lunes, 30 de agosto de 2010

Proteger la vida humana - Por el Dr. Ricardo Sánchez Recio


Vivimos actualmente en una sociedad contradictoria: mientras se levantan grandes manifestaciones cuando se trata de defender a los animales (pingüinos, ballenas, focas, etc.) todos se callan vergonzosamente ante la matanza de 50 millones de bebés al año por el aborto en el mundo.
El aborto mata por año a más personas que los fallecidos en la segunda guerra mundial. Mientras en la sociedad actual se tiende a abolir la pena de muerte, en muchos lugares se legaliza el aborto. En la Argentina se pretende legalizar su práctica con la conocida táctica usada en otros países del "derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo".
Los pro abortistas sostienen la primacía de los derechos de la madre sobre los del hijo, incluso se lo propone como un "nuevo derecho de la mujer", a asesinar a su propio hijo.
Muchos que se llaman paladines de los derechos humanos, promueven el aborto, contradiciendo el primer y fundamental derecho a la vida. Para ellos, el ser humano sólo tiene derechos fuera del vientre materno. Postura criminal, violenta e injusta, en cuanto se destruye deliberadamente, a sangre fría, una vida humana. Pero, la biología enseña que el embrión no es parte del cuerpo de la madre, y por lo tanto, ésta no tiene derecho a eliminarlo.
El Catecismo enseña que: "La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida" (2270) La Iglesia siempre ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado, "crimen abominable" (Concilio Vaticano II, GS, 51), y sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana: "Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae" (Código de Derecho Canónico, 1398). Con esto la Iglesia manifiesta la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte (Catecismo, 2272).
Matar un embrión nunca es lícito, independientemente de cómo haya sido gestado ese ser humano. "Puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad, cuidado y atendido médicamente en la medida de los posible, como todo otro ser humano" (Catecismo, 2274).
El término aborto deriva de "ab-ortus", que etimológicamente significa "privar de nacimiento". El aborto directo o voluntario es la interrupción de la vida del embrión o feto dentro del seno materno o su expulsión prematura, para producirle la muerte. Es decir, el objetivo buscado es la eliminación del ser humano en gestación, y por lo tanto, es siempre y en todos los casos un homicidio, pues se trata de matar un ser humano vivo, aunque se encuentre en gestación, privándole del derecho que tiene todo ser humano a la vida.
Las técnicas abortivas se clasifican según el momento del desarrollo del bebé en que actúan: a) Métodos que actúan antes de la implantación del embrión y que actúan impidiendo la implantación o anidación del embrión en el endometrio, y b) Métodos que actúan después de la implantación del embrión: el embrión ya implantado es eliminado mediante distintas técnicas químicas o quirúrgicas. 

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