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domingo, 18 de abril de 2010

Noche en prisión y mil libras de multa por predicar que el sexo gay es pecado


Unos homosexuales preguntaron al predicador para luego denunciarle a la policía

El pasado 18 de marzo, Shawn Holes, un predicador protestante norteamericano, recorría las calles de Glasgow, en Escocia, acompañado de otros misioneros, animando a los ciudadanos a arrepentirse de sus pecados y a vivir la fe cristiana. Un grupo de homosexuales se le acercó a preguntarle qué pensaba de las relaciones homosexuales.
"Cuando me preguntaron directamente sobre la homosexualidad, les dije que los homosexuales se arriesgan a la ira de Dios a menos que acepten a Jesucristo", explica Holes.
Los gays acudieron a la policía, que le detuvo, le mantuvo la noche en prisión y le multó con mil libras esterlinas, al considerarle culpable de "declaraciones homófobas agravadas por prejuicios religiosos", según una ley escocesa de 2003. Las comunidades cristianas que habían invitado al predicador realizaron una colecta y reunieron el dinero para pagar la sanción.   
Incluso el activista homosexual Peter Tatchell consideró la multa "desproporcionada" declaró al "Daily Mail": "así como la gente debería tener derecho a criticar la religión, también la gente de fe debería tener el derecho a criticar la homosexualidad; sólo la incitación a la violencia debería ser ilegal".
Holes explicó así lo sucedido:
"Yo estaba hablando en general sobre el cristianismo y el pecado. Sólo hablé de este tema [la homosexualidad] porque me preguntaron específicamente. Había homosexuales escuchando, unos seis o ocho, que se besaban y acariciaban, y me preguntaban "¿qué te parece esto?" Un grupo de homosexuales fue a la policía con una queja."
Según Holes, dos hombres que le habían estado escuchando le dijeron a los policías que se acercaron: "esta gente dice que los homos se van a ir al infierno". "Yo les expliqué que nunca habría dicho eso, porque no uso el términohomo. Pero me arrestaron."
Peter Kearney, un portavoz de la Iglesia Católica en Glasgow, declaró al diario "Scotsman": los hechos de este caso muestran que las afirmaciones eran de una creencia religiosa, sí, usando un lenguaje fuerte, pero es obvo que expresa una convicción religiosa, no una forma de discriminación". 
Un reciente estudio del think-tank religioso Theos, a cargo de Roger Trigg, mostró que casi un tercio de los británicos considera que los cristianos están siendo marginalizados en el país y que la libertad está siendo seriamente restringida en el Reino Unido.

lunes, 27 de octubre de 2008

Gran Bretaña: “Bárbara indiferencia” ante los derechos de los no nacidos

header_original_modDenuncia del cardenal O'Brien en el 60º aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos
GLASGOW, lunes 27 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- Ante el 60° aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el próximo 10 de diciembre, el cardenal Keith Patrick O'Brien ha denunciado la "indiferencia bárbara" hacia los derechos de los niños no nacidos.
Interviniendo el pasado sábado en la Conferencia Anual de la Society for the Protection of Unborn Children (SPUC) en Glasgow (Escocia), el purpurado afirmó que, a pesar de que al final de la Segunda Guerra Mundial se estableció a nivel mundial un marco de derechos humanos, "la dura realidad es que las nobles palabras de estas declaraciones han venido acompañadas de una indiferencia bárbara hacia los derechos de los concebidos".
El sistema de los derechos humanos, observó, "ha fracasado miserablemente sobre todo a la hora de defender el más básico de estos derechos, el derecho a la vida".
"Fuerzas oscuras han distorsionado las leyes y las conciencias de nuestra nación, y nuestra situación es ahora peor que nunca", lamentó, recordando que según datos difundidos por los medios en Escocia se realizan 38 abortos cada día. El año pasado hubo 13.703, contra los 13.163 de los doce meses precedentes.
A propósito de esto, recordó la cuestión de la Human Fertilisation and Embryology Bill (cfr. ZENIT, 17 de enero de 2008), votada el 22 de octubre pasado, y definida por el purpurado como "un monstruoso ataque a los derechos humanos, a la dignidad y a la vida humana".
"No podemos basarnos en la ley para salvarnos de nuestros problemas", confesó el cardenal O'Brien. "El hecho de que nuestra sociedad se haya precipitado a una cultura de la muerte deriva de haber relegado cada vez más a Dios a los márgenes de nuestra vida y de la conciencia colectiva de nuestras naciones".
Si los ordenamientos aprobados por los parlamentarios se pueden criticar y deplorar, constata, "debemos reconocer también que quienes han sido elegidos por nosotros, en nuestro nombre, en su mayor parte reflejan la sociedad de la que proceden: apoyan el aborto porque la sociedad lo apoya, apoyan la experimentación con embriones porque la sociedad la apoya, y apoyan los tests genéticos y la potencial eliminación de los concebidos porque la sociedad lo hace".
"¡Nuestra lucha, nuestra batalla -la vuestra- debería referirse no sólo a los elegidos, sino también al electorado!", exclamó. "Las leyes buenas derivan de las buenas sociedades".
Por este motivo, exhortó a una verdadera y propia "conversión de la sociedad", admitiendo que no es posible "inculcar los valores morales a través de la legislación. Sólo inculcando, implantando un sentido de lo que es justo y lo que es equivocado en todos aquellos que nos encontramos, con la esperanza de que hagan lo mismo".
Apelando a "todas las personas de buena voluntad", el cardenal exhortó a "considerar cada vez más el papel de la conciencia y su vínculo intrínseco con la verdad".
La Iglesia, ha subrayado, "es una indicación para la conciencia, y no solo para quienes se adhieren a la fe católica, sino para todos los pueblos".
"A través de nuestras elaboradas estructuras políticas y legales y nuestras nobles declaraciones, hemos creído que podríamos construir una sociedad sin Dios", admitió, revelando que "este proyecto ha fracasado".
"Animo a todos mis parroquianos y a cada uno de vosotros a que examinéis vuestra conciencia e intentéis reconstruir nuestra cultura y despertar la conciencia de todos".
Benedicto XVI, recordó, "ha escrito mucho sobre la importancia de la conciencia, sobre la necesidad de sostenerla con las enseñanzas de la Iglesia, pero también sobre la necesidad de reflexionar sobre ella".
"Debemos promover una vez más la necesidad del recogimiento, de la meditación y de la oración íntima. Esto representará la fuente de fuerza para cada individuo, y juntos podremos transformar nuestra cultura".
"Después de 60 años, os exhorto a trabajar para establecer la lucha contra el aborto como verdadera cuestión de derechos humanos -concluyó dirigiéndose a los miembros del SPUC-. Prometo trabajar con vosotros con este fin de cualquier forma posible. Junto con la ayuda de Dios, creo que es una batalla que podemos vencer".
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