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viernes, 14 de mayo de 2010

La píldora mortal y el VIH/SIDA - Por Joan Robinson, PRI

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El mortífero asesino del mundo, el VIH/SIDA, y la píldora anticonceptiva han estado llevando una secreta y mortal “aventura amorosa” por décadas. Mientras que las mujeres tomaban su dosis de “libertad” con el jugo de naranja matutino, los estudios que deberían haber estado en los titulares mundiales se llenaban de polvo y terminaban amarillentos en los estantes de las revistas médicas, desconocidos para el público en general. Sólo los doctores sabían sobre el fatal “affair” entre las píldoras mortales y el VIH/SIDA, pero estaban muy ocupados recetando anticonceptivos hormonales como para comunicarlo a sus pacientes.


A la fecha más de 50 estudios médicos han investigado la asociación entre el uso de anticonceptivos hormonales y el VIH/SIDA. Los estudios muestran que los anticonceptivos hormonales, la píldora anticonceptiva y Depo-Provera, incrementan casi todos los factores de riesgo conocidos para el VHI, aumentando tanto el riesgo de infección de la mujer como la duplicación del virus del VHI, acelerando la debilitante y mortal progresión de la enfermedad. (1)
Un estudio medico publicado en la revista AIDS (SIDA) en el 2009 monitoreó la evolución del VHI y la necesidad de drogas antirretrovirales (ART). Y constató que “el riesgo de convertirse en elegibles para ART era de casi 70% mayor en mujeres que toman las píldoras anticonceptivas y más del 50% mayor en mujeres que usan Depo-Provera que en mujeres que usan dispositivos intrauterinos (DIU).” (2)
Más allá de los estudios es bien sabido que el VIH/SIDA afecta más a mujeres que a hombres. Algunos piensan que esto es producto del deseo de los hombres por parejas sexuales jóvenes supuestamente no infectadas. Pocos cuestionan que la Píldora y los Inyectables vuelven particularmente vulnerables al VHI/SIDA a las mujeres.
¿Qué tan grave es el problema? Los anticonceptivos orales y el Depo-Provera son los métodos de anticoncepción de mayor uso en el mundo. De acuerdo a un estudio, “Más de 100 millones de mujeres alrededor del mundo utilizan la anticoncepción hormonal.” (3) En Estados Unidos, la tasa de uso de anticonceptivos hormonales está sobre el 52% en mujeres solteras, precisamente aquellas con alto riesgo de contraer el VIH/SIDA. Además, con el interés de reducir la tasa de natalidad, UNFPA y USAID siguen descargando grandes cantidades de anticonceptivos hormonales en África, Haití y otros países en vías de desarrollo asolados por el SIDA.
El mejor meta-análisis hecho hasta la fecha, realizado por la Dra. Chia Wang y colaboradores, contempló los resultados de los 28 mejores estudios publicados desde 1985. Encontraron que “la asociación significativa entre el uso del anticonceptivo oral y la seroprevalencia o seroincidencia del VIH-1, aumentó en relación directa a la calidad del estudio.” De hecho, “6 de los 8 mejores estudios detectaron un mayor riesgo del VIH asociado con el uso del anticonceptivo oral.” (4)
A escala nacional
Por otro lado, los resultados de Wang mostraron aún un mayor vínculo entre la píldora anticonceptiva y el VIH cuando limitaron sus estudios a aquellos realizados en las poblaciones africanas. Esto es significativo por dos razones:
Primero, África subsahariana alberga la primera y más grande epidemia de VIH/SIDA heterosexual del mundo que hasta la fecha ha infectado a un estimado de 22.4 millones (5) de personas. Esto es dos tercios del total de infecciones en todo el mundo.
Segundo, África subsahariana ha sufrido décadas de programas de control de población enfocados en la anticoncepción y un sinnúmero de pruebas de anticonceptivo hormonal. “En los seis países más afectados por la epidemia del VIH/SIDA… dos de cada tres usuarios utilizan anticonceptivos orales o inyectables,” (6) dijo Iqbal Shah de la Organización Mundial de la Salud.
Del mismo modo, Tailandia elogiado en el 2000 por su prevalencia de anticonceptivos del 79.2% y más del 70% hoy en día, es una tierra donde “más de uno de cada 100 adultos de personas está infectado con el VIH (Tailandia tiene 65 millones de habitantes.) (7) Entre las mujeres tailandesas, “la anticoncepción oral es el método mas popular.” (8) (9)
Por otro lado, la tasa de VIH de Japón es 0.01%, una de las más bajas en el mundo. (10) En este contexto, es importante observar que la píldora anticonceptiva era ilegal en Japón hasta 1999, y aún hoy sólo el 1% de las mujeres japonesas usan anticonceptivos orales. Lo mismo sucede con las filipinas predominantemente católicas, con una antigua resistencia popular a la anticoncepción, cuentan con una “tasa de prevalencia de VHI de sólo 0.02%. (11)
Los cambios hormonales aumentan el riesgo del VIH
Los estudios que demuestran una conexión entre los anticonceptivos hormonales y el VIH/SIDA postulan a una serie de mecanismos.
En primer lugar, revisemos lo básico. El Virus de la Inmunodeficiencia Humano (VIH) se encuentra en la sangre o en los fluidos sexuales. Infecta a través de tejidos frágiles, inflamados, sangrado o pinchazos de agujas, ataca las células T específicas en el sistema inmune y causa la incurable y debilitante condición conocida como SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida.)
Los anticonceptivos hormonales aumentan casi todos los factores de riesgos conocidos para el VIH.
Los estudios han encontrado que los anticonceptivos hormonales "alteran el microambiente de la mujer" (12) y aumentan el conteo de células de aquellas específicas que utiliza el VIH para infectar y proliferar (VIH co-receptor CCR5 linfocitos T CD4 + en cuello uterino).
Aún más, el efecto colateral de la progesterona conocido por las mujeres norteamericanas como “sangrado intermenstrual” es causado cuando los anticonceptivos hormonales engrosan en exceso el revestimiento interno del útero. La gran superficie sangrada del útero crea un sitio ideal para la infección del VIH.
La progesterona también tiene un efecto inmunosupresor, lo que quiere decir que las mujeres que utilizan anticonceptivos hormonales tienen menos defensas naturales contra el VIH y otras enfermedades de transmisión sexual como la clamidia o el herpes genital (HSV-2), (13) (14) En un estudio, “la misma infección del HSV-2  elevó el riesgo del VIH a poco más del triple.” (15)
En la vagina, el incremento de sangre y los efectos hormonales independientes de la píldora anticonceptiva eliminan la protección del pH natural del ácido contra la infección. Es más, un estudio famoso de los monos Rhesus (Macaco Mulatta) descubrió que los anticonceptivos hormonales adelgazan las paredes de la vagina y notablemente aumentan la infección del VIS (equivalente del VHI en el mono) (16) La sequedad vaginal, otro efecto secundario de los anticonceptivos hormonales, no sólo es dolorosa sino que también hace a uno propensa a rasgaduras o abrasiones, lugares fértiles para la infección.
Otro estudio señala "a nivel celular, los anticonceptivos hormonales han sido asociados con la inflamación del cuello uterino y vagina.” (17)
Además, el control natal hormonal causa que el tejido cervical frágil crezca más allá de sus límites naturales y reemplace la membrana protectora que normalmente es gruesa. Esta “ectopia cervical” es peligrosa porque la superficie delgada del cuello uterino es el sitio principal del VIH. (18)
Dada todas estas diferentes formas en que la anticoncepción hormonal promueve la infección del VIH/SIDA, no es del todo sorpresivo que varios estudios muestren que las mujeres que usan la píldora anticonceptiva, el Depo-Provera, etc. tienen mayor probabilidad a ser infectadas con no solamente una, sino varias versiones o cepas del VIH. Esto “a su vez conduce a niveles más altos de la duplicación viral del VIH y más rápida progresión de la enfermedad del VIH-1.” (19) (20) (21)
Las mujeres con anticonceptivos hormonales no solamente tienen mayor probabilidad de contraer el VIH/SIDA sino también de transmitirlo a sus parejas sexuales. Los tres estudios que se enfocaron en “el impacto de la anticoncepción hormonal en el desprendimiento cervical del virus asociado a la célula” (22) todos encontraron que mujeres VIH-positivo con anticonceptivos hormonales tienen mayor probabilidad de propagar el VIH en sus fluidos del cuerpo. Las usuarias de altas dosis de píldoras tienen más de 12 veces de probabilidad de propagar el virus del VIH que las mujeres que no utilizan la anticoncepción. Las usuarias de bajas dosis tuvieron casi 4 veces más de probabilidades y las que utilizan el Depo-Provera, 3 veces más de probabilidades. (23)
Los Promotores de la Píldora desinforman
Algunos hacen caso omiso al impresionante cuerpo de investigación científica que demuestra el vínculo entre la Píldora y el VIH. Citan arbitrariamente un puñado de estudios y ensayos muy bien seleccionados que afirman no encontrar “ningún aumento en el riesgo del VIH entre los usuarios de los anticonceptivos orales y el Depo-Provera.” (24)
El problema con muchos de estos estudios, como Mati et al. 1995, Kapiga et al. 1998 y Sinei et al. 1996 es que se realizaron con y a través de “clínicas de planificación familiar.” Dado que el principal negocio de estas clínicas es la promoción, venta y distribución de los anticonceptivos, la posibilidad de predisposición es innegable. ¿Quién confiaría en Marlboro para monitorear un estudio sobre la vinculación entre los cigarrillos y el cáncer?
Además, el puñado de estudios que niegan un vínculo entre la anticoncepción hormonal y el riesgo en aumento de contraer el VIH son minimizados por más de 50 estudios. Estos 50 estudios no sólo han documentado tal relación, sino que han explicado de manera convincente que precisamente la anticoncepción contribuye a la propagación de la enfermedad.
Sin embargo, los grupos de control de población siguen presionando para nada menos que… ¡¡distribuir más anticoncepción!! Tomemos como ejemplo al Dr. Willard Cates, presidente del “Institute for Family Health of Family Health International (FHI),” (Instituto Internacional para la Salud de la Familia) uno de los mayores proveedores de la anticoncepción hormonal a los países en vías de desarrollo. Escribió Cates al “Journal of American Medical Association”, “Evitar los embarazos no deseados entre las mujeres infectadas por el VIH, que actualmente no desean quedar embarazadas es una manera importante y eficaz de evitar nuevas infecciones del VIH de niños al nacer… Se debe hacer más para garantizar el acceso a los métodos anticonceptivos seguros y eficaces para las mujeres infectadas por el VIH.” (25)
Obviamente, a FHI le preocupa mucho menos evitar la infección a los niños al nacer y muchísimo más continuar aplicando métodos anticonceptivos a tantas mujeres como sea posible, con sus impuestos y con los míos. Lo que se rehúsa a admitir esta organización es que actuando así, sin duda, está contribuyendo a la propagación del virus del VIH.
¿Cuántas vidas se siguen perdiendo porque seguimos empecinados en enviar grandes cantidades de anticonceptivos hormonales a países que sufren la pandemia de VIH/SIDA? ¿No habrá llegado la hora de detener todo esto?


Notas:
(1) Baeten et al. 2003, “Hormonal Influences on VHI Disease and Co-Morbidites.” (Influencias Hormonales en la      Enfermedad del VIH y Co-Morbilidades) J Acquir Immune Def Syndr. 2005, Vol 38, Suppl 1: S19
(2) http://www.iasociety.org/Article.aspx?elementId=11977; Stringer et al, AIDS. 2009, 23:1377-1382
(3) Baeten et al. 2003 J Acquir Immune Def Syndr, 2005, S18
(4) Wang et al., 1999, JAIDS
(5) http://www.avert.org/VHI-aids-africa.htm
(6) Shah, I. 2003, J Acquir Immune Def Syndr, 2005
(7) http://www.avert.org/thailand-aids-VHI.htm
(8) http://www.prb.org/Countries/Thailand.aspx
(9) http://www.searo.who.int/LinkFiles/Family_Planning_Fact_Sheets_thailand.pdf
(10) http://apps.who.int/globalatlas/predefinedReports/EFS2006/EFS_PDFs/EFS2006_JP.pdf.
       (Los hombres homosexuales representan poco más de la mitad de los casos internos de VIH en Japón.)
(11) http://www.wpro.who.int/countries/2009/phl/
(12) Prakash et al. 2004; Prakash et al. 2002; Furth et al., 1990
(13) Baeten et al. 2001; Cottingham et al. 1992; Avonts et al. 1990; Louv et al. 1989
(14) Hunt et al. 1998; Zang et al. 2002; Gillgrass et al; 2003
(15) http://www.iasociety.org/Article.aspx?elementId=10470; Baeten et al. 2007
(16) Marx et al. 1996; Abel et al. 2004; Veazey et al. 2005
(17) Baeten et al. 2001; Ghanem et al. 2005
(18) Baeten et al. 2007; Critchlow et al. 1995; Louv et al. 1989; Plourde et al. 1994
(19) Beaten et al. 2003; Poss et al. 1995; Long et al. 2000
(20) Furth et al. 1990
(21) Baeten et al. 2007, Clinical and Infectious Diseases, 360-361
(22) Stringer et al. 2008
(23) Wang et al. 2004; Mostad et al. 1997; Clemetson et al. 1993
(24) Mauck, C. 2005, S11; Studies noted: Mati et al. 1995; Kapiga et al. 1998
(25) JAMA. 2006; 296:2802 

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